Si alguna vez han cruzado por Roberto Garza Sada con Goméz Morín, seguramente han visto a Luis y Marta manejando su negocio de flores, quizás sin saber sobre su identidad. Sin embargo, al interactuar con ellos, cualquiera comprende que se trata de una pareja dedicada y apasionada que inspiran a los que los rodean.
Todo comenzó en el 1992, surgiendo como un negocio familiar cuando su hijo, que ahora tiene 50 años, empezó a vender flores a los 12 años. En las propias palabras de la Señora Marta: “En aquel tiempo …la vida era muy dura”. Justo habían construído una casa para ellos y sus hijos por el río. En eso, el huracán Gilberto se llevó su casa con todo. Así de rápido, de un día para el otro. “Lo bueno es que fueron puras cosas materiales y no nuestros hijos”, dijeron. Pero desde entonces, tuvieron que empezar desde cero. Desde abajo para construir devuelta su casa y lo que se dejó atrás.
Tenían 6 hijos (2 hijas y 4 niños), pero tristemente se enfrentaron con la azúcar (diabetes) que le dio a una de sus hijas. “¿Y pues que hago?, le hecho mas ganas a la vida” dice Marta. Tenían que pagar sus medicamentos, cual no era fácil, pero muchos de sus clientes frecuentes estaban enterados y les ayudaron. Sin embargo, lamentablemente, en 2020, internaron a su hija y falleció…”se me fue la vida…ya mi hija tenia 45 años”.
Al respecto de su negocio, reflexionan que «hay buenas y hay malas…pero aquí estamos». No solo llegan todos los días con una disposición a trabajar, pero lo hacen todo bajo la ley, siempre pagándole al municipio y con su permiso. Recuerdan una época donde vendían en otra parte hasta que empezaron la construcción de un puente ahí y se les bajó radicalmente la vente. Fue un tiempo duro, en el cual se tuvieron que ajustar y pedir un cambio de ubicación. Fue un tiempo largo hasta que llegaron a donde se ubican actualmente para poder vender, pero agradecen mucho de como ha pasado todo y las oportunidades que se les ha dado.
Adicionalmente, todos los Domingos, se levantan a las 3 o 4 de la mañana para hacer sus botes de flores que llevan a un mercadito en San Gilberto a vender. Comenzaron esta práctica cuando empezaron a tener problemas para pagar la medicación de su hija y han continuado desde entonces. Todos los buscan ahí y han crecido en una comunidad. A veces llega el camión y a veces no pero nadamás con que falten un día ya sea por falta de mercancía a por otra ocasión y rápidamente los clientes les preguntan que si “¿todo bien?”.
Ultimadamente, aprecian mucho a sus clientes y reciprocamente, son admirados por sus clientes por que «nunca se rajan» y se presentan consistentemente para llegar a más. No solo eso, si no aprecian el arte de su trabajo: “Me encanta trabajar en esto. Yo las cuido (las flores), las cuido mucho…tiene su chiste poderla cuidar, tratarla. Tiene sus cuidados muy especiales. Si no le das sus cuidados, se muere” dice Luis. ¡¡Rosas como esas no se encuentran en cualquier parte!!
“Está muy bonito este negocio. Aprende uno mucho y conoce mucha gente”
Oli trata de impulsar este negocio y apoyar a Marta y Luis. Si se encuentran cerca, cómprenle a esta pareja, que tiene una pasión verdadera por el trabajo. Desde lejos se nota su esfuerzo, dedicación y amor por lo que hacen. El mensaje que dejan es uno de trabajo duro y perseverancia. Son un testamento a lo que puede lograr uno a pesar de los problemas y las circunstancias. La positividad que se puede crear en una comunidad al enfrentar con nubes de dolor. Todo queda en esas sonrisas con los clientes, entre las risas y memorias de años en este mercado. Muestran una gratitud extrema por sus y difunden bondad y felicidad con su positividad. No los dejen ahí. No se olviden de ellos, por qué de eso viven. De eso se mantienen.
